Prudence, Prudence
Léa Seydoux, nominada al premio César por su papel en esta cinta como una de las actrices más prometedoras y que lo mismo deambula por blockbusters hollywoodenses como "Robin Hood" o "Misión Imposible 3: Protocolo fantasma" (Mission Impossible: Ghost Protocol); toma pequeños papeles en cintas consideradas como lo mejor de su año por la Academia estadounidense como "Bastardos sin gloria" (Inglorious Bastards) o "Medianoche en París" (Midnight in Paris); o bien le entra al quite en cintas consideradas como lo mejor del año por la crítica internacional como en el caso de "Lourdes" o "Misterios de Lisboa"; es precisamente lo mejor de la cinta y para buena suerte, a quien seguimos durante todo el trayecto.
Más allá del notable currículum y su justa nominación, Léa le da a su interpretación una tristeza digna de destacar. Su personaje, la joven de 17 años Prudence, es una chica que acaba de perder a su madre hace unos días y ha sido abandonada en casa por su padre quien ha decidido irse de viaje, mientras que su hermana mayor vive en la ciudad pero con una familia distinta. Abandonada a su suerte, la veremos tratar de sobrellevar el duelo por la muerte de su madre mientras intenta hacerse amiga de una chica que frecuenta las usuales y peligrosas carreras de motocicletas del barrio de Rungis.
Como suele pasar en este tipo de cintas, la amistad no será muy provechosa, pues a la chica en cuestión, otra adolescente llamada Maryline, poco le importa Prudence, como lo demuestra con contundencia una cruel escena donde se burla de la canción por la cual Prudence toma su nombre o con ácida indiferencia cuando se niega a prepararle chocolate a su nueva "amiga". Lo que le interesa a Maryline es poder estar sola en casa de Prudence para no ser molestada por sus padres, llevar a su novio a coger y disfrutar de una casa sin reglas. Y claro, lo que le interesa a Prudence es entrar al mundo de motociclistas de Rungis, asi que la amistad luce más como una transacción.
Asi veremos a Prudence faltar a la escuela, evadir a la familia judía con la que vive su hermana para irse por las noches a las motos, convivir con su bien portada prima Sonia y pasar el rato con Maryline conversando sobre chicos, sexo y chicos en motocicletas. Si usted se imagina que estando sola en casa Prudence va a aprovechar para armar una fiesta no se equivoca, pero esto sólo sirve de pretexto para recalcar la imposibilidad de la protagonista de ser feliz aunque sea por un momento y le da la oportunidad a la directora de criticar con ligereza la forma en que viven el duelo los judíos, a quienes se les prohibe hacer fiestas en un año.
Los elementos convencionales están ahí, pero sirven para enfatizar la tristeza del personaje, pues hasta las escenas románticas suceden en un congelador. El problema radica en la narración pues la familia judía está integrada con calzador, nunca queda bien definida la relación con su prima Sonia, los motociclistas de Rungis sólo son retratados levemente y hasta llega a ser confuso en que momentos Prudence se está quedando sola en casa y en que otros se queda a dormir en casa de sus tíos (o si realmente son sus tíos), de tal forma que cuando llegamos al final este se siente abrupto.
La historia sería más lograda con una mejor dirección que lograra integrar estas ideas y personajes de mejor manera, o al menos que la dirección fuera lo suficientemente limpia para no confundirnos innecesariamente, como sucede en la escena final. Sin embargo ésta logra entenderse si tomamos en cuenta que Prudence a lo largo de toda la película ha estado utilizando el collar, la pulsera y el perfume de su madre. Lo importante es poner atención en lo que ocurre en dichas escenas, pero aún así es innecesariamente confuso.
En ese rubro, a pesar de la poca fina dirección, la cinta conserva buenos conceptos sobre una joven confundida por la muerte de su madre y funciona gracias a la gran actuación de Léa Seydoux quien expresa con su rostro toda esa tristeza e ira que provoca la perdida de un ser querido, disimulándola con una fríamente tenue rebeldía adolescente. La apagada fotografía también llega a ser notable por momentos, con bellos tonos azulados que concluyen con una hermosa lluvia en una escena cruel y bien llevada, sólo para confundirnos nuevamente con una innecesaria escena de motociclistas.
Decía que el final es abrupto y la historia es corta, pero quizás ese sea el principal problema de este tipo de dramas femeninos: que la historia siempre termina cuando la vida de la protagonista realmente comienza. Aún asi me causo cierta tristeza, aprecio la sensibilidad femenina, rescato las escenas donde se reflexiona sobre la muerte y por supuesto, de Léa Seydoux sólo espero cosas buenas.
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