SENSUAL BURLESQUE
“Crazy Horse”
Después de tres minutos con la pantalla en negros, el
documental nominado al Premio César 2012 “Crazy Horse” da
inicio con una diabólica silueta de manos para luego dar paso a una
mujer grabando orgasmos. Lo que sigue a continuación es un
candentemente infernal relato de sensualidad donde veremos a las
chicas que actúan en el famoso cabaret parisino mientras se preparan
para el show y realizan todo tipo de performances con poca o nada de
ropa, pero con muchas luces.
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El juego de luces del cabaret parece emular al juego de
luces del cine, sólo que la pantalla son hermosas mujeres dispuestas
a dar un espectáculo lleno de erotismo caleidoscópico espacial
mientras contonean sus caderas al ritmo de música suave, como si se
tratara de un striptease con clase.
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Elegancia que seduce, en algún momento la magia toma
un aire burocrático y vemos a ejecutivos reunidos tratando de
mejorar “el mejor espectáculos de desnudos del mundo”. Y
esa parece ser la meta del documentalista Frederick Wiseman,
traernos un poco de cómo se crea ese espectáculo a través de
ensayos que bien podrían ser tan intensos como los de un ballet y
donde al igual que el cine, existe una lucha entre el productor que
busca generar espectáculo que brinde entretenimiento a las masas y
el director que busca generar algo parecido al arte.
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En una de estas discusiones de oficina, nos enteramos
que a las chicas no les gusta tocarse durante el espectáculo, quizás
por eso cuando las vemos actuar en el escenario se siente tanta
tensión cuando sus cuerpos se acercan. Quizás por eso también
sorprende que buena parte de los asistentes viene en pareja, como
para contagiarse de dicha tensión. El primer show se prepara con una
copa de champaña en cada mesa, con un lobby que recuerda a algún
antro juvenil y una tienda de souvenirs que bien pudiera ser parte de
algún Hard Rock Café.
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El show se llama “Upside Down”, el cual contiene
una tóxica e insunuante música de Britney Spears con un toque
suave, incitante. Y es que este baile donde los cuerpos se reflejan
en una superficie brillante, como si un cuerpo estuviera arriba y el
otro de abajo de forma simétrica, fusiona los movimientos provocando
que no sepamos distinguir la pierna real de la que se refleja, como
insinuando la relación sexual donde los cuerpos se unen en uno solo.
Al final, cuando vemos un firme trasero femenino contonearse y
despojarse de sus bragas, no parece importar mucho que éste esté
desnudo, siempre luce como si fuera más importante lo que se insinua
que lo que se muestra: erotismo puro.
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Lo que sigue es un juego de burocracia erótica donde
vemos como se pretende seducir con un aire de sofisticación. Los
ensayos no resultan nada seductores, pero dan muestra del
profesionalismo y de lo asfixiante que llega a ser preparar una
coreografía. Aquí predomina el sudor a la inspiración, como para
recordarnos que el arte de seducir requiere de un trabajo arduo,
agotador, una belleza que se trabaja minuciosamente.
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Al final volvemos al performance de cabaret, pero una
vez vistos los trucos del mago se pierde un poco la magia, pero se
gana en admiración: primero como un mecanizado desfile militar
de muñecas rusas preparadas para la batalla y después con un body
paint luminoso donde vemos dos mujeres leopardos ser animadas en
vivo, como si la captura de movimiento fuera a la inversa, pues las
luces de la animaciòn son las que tienen que imitar a los
movimientos humanos. Animación viva.
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Subitamente pasamos del profesionalismo a lo amateur
cuando vemos un grupo de chicas y a un chico convertido en chica
audicionar al loco ritmo de Gnarls Barkley. Los movimientos son un
tanto toscos, hábilmente salvajes de una manera que invita más
a arrancarse la ropa que al juego de seducir. Los directores
fríamente comentan como una chica se desmaya antes del ensayo fuera
de cuadro, como les parece encantador el chico pero que no contratan
transexuales y debatirse en que si aquella chica que se parece a Kate
Moss tiene las piernas muy cortas, que si aquella es muy pequeña y
que las rusas son siempre las mejores. No se trata de ser
despectivo dicen, sino de trascender y alcanzar algo más que
seducción: arte.
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Hablando de rusas, una chica danza cual gimnasta
soviética como si se tratara de un juevo sadomasoquista de esclava a
dominatrix. Luego todo son luces y glamour, Paris es el Crazy Horse
porque el Crazy Horse es parte de París. Visto de una manera cínica
podrìa pensarse que este es un pretencioso circo de table dance con
clase o un cabaret glamoroso para gente pudiente. El juego de
sombras del inicio parece indicarnos algo muy distinto: hasta el
mismísimo diablo podría ser seducido por estas chicas y convertirse
en un tierno cachorro.
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Aquí no hay cinismo, hay seducción
